Mostrando entradas con la etiqueta Gender Bender. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gender Bender. Mostrar todas las entradas

jueves, 21 de agosto de 2014

Nos dieron una pistola a cada mujer y entonces los hombres empezaron a entender


En Tlön nos dieron una pistola a cada mujer.

En nuestra pequeña isla nunca había habido armas, pero la proporción de violaciones era tan dramática, antes de que se instaurara el gobierno hembrista, que - alucina, para que veas- las niñas vivíamos con miedo a salir de casa solas de noche.

Así que nos dieron una pistola a cada mujer y a cada niña. La munición no podía matar. Bueno, tenías que disparar mucho, o apuntar a sitios especialmente vulnerables. Pero eso sí, te hacía mucho daño y te dejaba marcado.

Yo apenas tenía 15 años y me dieron aquel pistolón. Era grande, brillaba, nunca había llevado algo tan pesado en el cuerpo. Me costó acostumbrarme a ese peso que me inclinaba un poco hacia un lado.

Cuando me quitaba la pistolera por las noches, para poner la pistola sobre la mesita de noche, me quedaba fascinada mirándola. A veces la acariciaba. Cuando un hombre me hacía algo malo, algún niño en la escuela, el señorito... me imaginaba apuntándole con la pistola para vengarme que algún modo. Me separaba de dejarle "un buen recuerdo" un ligero movimiento de mi dedo índice.

Eran solo fantasías.

El asunto de los "abusos" (aunque yo creo que exageráis cuando decís esto) no empezó hasta mucho más tarde, ya en la universidad. Salíamos por la noche y un chico rechazó a una amiga. 
Fue cruel, se rió de ella. Ella solo quería invitarle a una copa. Y la apartó de un codazo.
Cuando vimos la escena la cogimos entre todas y nos la llevamos, mientras Silvia, que siempre ha sido tremenda, berreaba al chico cruel que porque no estaba en la donación de semen, que ya le tocaba su hora. Y eso que eran aún las 3 o las 4 de la mañana.

Ese día bebimos mucho y Adela acabo vomitando en el callejón. Fue entonces cuando apareció el chico cruel. Creo que estaba buscando cobertura para hacer una llamada de teléfono. Silvia comenzó a gritarle que se acercara, que solo quería decirle una cosa. Y él intentó salir corriendo y se tropezó.
Reaccionó un poco como un cobarde. Si la hubiera confrontado, igual Silvia no se hubiera envalentonado tanto, pero al verle en el suelo, junto al contenedor de basura, se acercó a él mientras acariciaba su arma. Y no sé porqué todas echamos mano a nuestra arma y comenzamos a acariciarla.

El chico cruel no se levantaba. Se quedó allí petrificado, mirándonos como un bobo. De verdad que daba ganas de reír. Al final Silvia, que es muy sarcástica y tremenda a veces, colocó su mano simulando una pistola, con el dedo índice apuntando a la cabeza del chico cruel y dijo PUM.

Yo no podía parar de reírme. El chico ni se movía. "Vete, te perdono la vida" dijo Silvia en tono peliculero. Nos meábamos. El chico salió corriendo ridículamente.

A partir de ese día no sé por qué nos pareció divertido. Cuando veía a un tipo de esos engreídos en el bus, uno de esos pijitos guapos niños de papá, ya sabes a qué me refiero, si el bus estaba lleno, me ponía detrás y colocaba la pistolera de manera que al menor movimiento sintiera la dureza de la pistola en su culito.

Entonces ya se había oído de aquellos disparos masivos a hombres, y esa película de "Disparados y Perversos" había ganado los Oscars.

En el bus sentía cómo se quedaban fríos, estáticos, igual que el chico cruel del callejón de aquel bar, cada vez que yo les acercaba mi pistola.

Pero aparte de eso yo nunca llegué a hacer nada más. No como lo de Adela, lo de los niños. Eso sí me parece algo abuso, no esos pijos sudando la gota gorda, que al fin y al cabo era una broma, y que no sé en el fondo si les gustaba porque no se daban la vuelta ni protestaban. Hay alguno con unos gustos más raros que te sorprendería, pero no te los voy a contar porque tú eres un señorito y no te quiero escandalizar.

Adela. Adela es que no sé qué cuarto de hora le entró. Pero por las mañanas se escondía detrás de un seto, se abría el abrigo delante de los niños de 14 años que caminaban hacia el bus escolar y enseñaba la pistola.

Algunas madres se escandalizaron y acabó en comisaría. 

Algo que vi allí y para que veas cómo está la ley, que no nos defiende tanto como creéis. Cuando llegué a recogerla las polis se traían un cachondeo... No me lo podía creer. Se ponían el abrigo y lo abrían de golpe unas delante de otras... ridiculizando a Adela. Deberían tener más respeto en las instituciones públicas. Ya se estaba preparando un linchamiento popular en el barrio contra ella y la policía así...

Para que veas. Allí en comisaría vi a aquel cabrón, al último rollito de Silvia, vamos a llamarlo el rollito de primavera. (Eso sí que es un abuso, apúntalo en tu libreta, y denunciar eso también, no solo lo otro, que hay algunos tíos...) Estaba allí, llorando a moco tendido junto a la mesa de un hombre policía, que le miraba con una cara larguísima. Y lo supe. Supe que estaba largando algo de Silvia, que la estaba denunciando por algo.

Él no me vio. Así que cuando llegó Adela, salimos rápido y llamé a Silvia.
Nos contó que la noche anterior habían follado. Y al final, solo al final, el rollito de primavera salió huyendo de su casa. ¡Sólo al final cuando antes se había corrido y todo dentro de ella!

No podíamos entender nada y sé que Silvia durmió varias noches mal preocupada por lo que había contado ese cabronazo. Cuando la llevaron a declarar a comisaría le dijeron que la acusación sostenía que el rollito de primavera que quería joderle la vida a mi amiga se consideraba "violado", ojo! "VIOLADO", y eso que se había corrido dentro y todo!

Según parece se había sentido inducido a ponerse hasta atrás de viagras (ellos son los que se ponen hasta el culo de esa mierda, que les encanta, que se ponen como perros con eso, y luego nos echan la culpa a nosotras). En la declaración decía que Silvia había estado jugando con su arma toda la noche, haciendo el gesto del PUM PUM que hizo con el chico cruel. 

¡De broma!, Silvia es así. Es tremenda. Nadie se puede tomar eso en serio.

En su declaración el rollito dijo que cada vez que él hacía algún gesto de rechazo, ella se llevaba ligeramente la mano a la pistolera.

¡Hay algunos que lo sacan todo de quicio! ¿Ligeramente?, ¿qué significa ligeramente?. ¡¡Igual le picaba allí!!

Silvia lo dejó todo muy claro. Él nunca dijo que no. Él nunca mostró su intención de irse de casa hasta que se hubo corrido.


Gracias a que la jueza e incluso el hombre policía eran personas razonables y no unos jodidos varonistas de esos, se archivó la demanda. Y que no nos encontremos a ese cabrón por la calle, que te aseguro que se lleva un recuerdito por haber intentado joderle la vida a mi amiga. 


miércoles, 16 de julio de 2014

Histeria masculina (II)



"Querida Miranda:


Tenemos un grave problema en nuestra pequeña isla... tras años de hegemonía femenina, nuestras mujeres parecen haber empezado a enfermar de una extraña dolencia psicológica, una terrible enfermedad que les hace perder los nervios por las cosas más absurdas. Tienen miedos irracionales, ... y cuando están juntas, a menudo se comportan de manera enloquecida, poniéndose y poniendo en peligro...

Al principio nos parecían curiosas algunas manifestaciones deportivas. Recuerdo a una jugadora de tenis que siempre que perdía entraba en histeria y rompía su raqueta contra el suelo. O aquella jugadora de fútbol que por la excitación histérica del juego, saltó la valla y le pegó un cabezazo a una aficionada.

Algunas cantantes comenzaron ya hace tiempo a hacer algunas cosas singulares como romper sus guitarras contra el escenario, o tirarse sobre la multitud para ser llevadas a hombros. Algo que también hacen las toreras, cuando asesinan a un toro, a hombros de una multitud de mujeres jadeantes que las vitorean.

De un tiempo a esta parte se ha convertido en algo bastante habitual que cuando varias mujeres se juntan en un atasco, comiencen a pegar alaridos por las ventanillas. Pareciera que la histeria tiene una suerte de efecto contagio. Si una toca el claxon, comienzan todas a tocarlo hasta crear un sonido colectivo ensordecedor. Se diría que sus nervios se excitan más cuando se juntan entre ellas, que la histeria se retroalimenta.

El problema no hubiera comenzado a preocuparnos si no fuera por las conductas de las forofas deportivas. Tienen una obsesión tan grave que ha empezado a copar toda nuestra vida pública. Fuera de los estadios, cuando hablan de sus jugadoras preferidas, es fácil verlas ir poniéndose más y más nerviosas, hasta que a menudo comienzan a gritar y enrojecen como si fuera a darles un ictus. Pero el grave problema lo tenemos en los estadios, cuando empiezan a gritar desde las gradas, y sus odios histéricos llegan a amenazar de muerte a las jugadoras. A la salida, de vez en cuando, apalean a alguien y han llegado, en su fiebre histérica, a cometer asesinato.

El histerismo deportivo se ha convertido en un problema de salud pública. Y también el religioso. Se auto-lesionan. Hacen sacrificios, caminan descalzas o caminan postradas de rodillas llenándose de yagas, se fustigan la espalda hasta hacerse sangre, y han inventado unos lloros histéricos llamados saetas que le cantan a un tronco que representa a un hombre virgen.

Sí, sus miedos histéricos son muy absurdos. Han llegado a la creación de los personajes mitológicos más inverosímiles. Cuentan leyendas de hombres llamados brujos que roban a sus hijos para chuparles la sangre. Las marineras y pescadoras cuentan historias de hombres con cuerpo de pez que cantan en el mar y las secuestran embrujándolas. Y las conductoras cuentan historias de hombres fantasma en la curva de las carreteras.

El colmo del disparate es el miedo inconsciente al pene castrador que ya han definido algunas psicoanalistas. ¡Los penes castradores serían aquellos que cuando los chupas te dejan sin dientes!

Espero tu consejo para atajar este problema que está convirtiendo nuestra sociedad en irracional. Y es que gran parte de nuestra vida pública está marcada por sus miedos, sus obsesiones e histerias colectivas.


                                                                                                                Presidencia de Tlön. Año 2025"


(La primera parte de esta entrada explica un poco el porqué de mis relaciones y comunicación con el gobierno de la isla de Tlön http://mirandaescribe.blogspot.com.es/2014/07/histeria-masculina.html)

viernes, 4 de julio de 2014

Histeria Masculina



Ayer me llegó una carta de la recién elegida presidenta de la pequeña isla de Tlön, en el Mediterráneo Oriental. Y aquí reproduzco una parte:

"Acabar para siempre con el patriarcado no será algo fácil, pero en la isla de Tlön no lo hemos propuesto. Ahora que hemos ganado las elecciones, comenzaremos tomando el poder armado. Y es que no tendremos garantía de que los hombres no vuelvan a dominarnos hasta que no controlemos el ejército. En una situación de inestabilidad, teniendo en cuenta que nuestros cuerpos son pequeños y a veces, embarazados, es necesario compensar su superioridad en fuerza con las armas.

Tlön es una democracia y debe seguir siéndolo, por lo que invitaremos a los hombres a participar de nuestro poder militar... pero en un porcentaje bajo... que nos garantice que no se alíen entre ellos para darnos un golpe de barracas y volver a tener el control armado.

De veras necesitamos acabar con el patriarcado para siempre, la Violencia de Género nos lleva a vivir con miedo, casi un 20% de nosotras hemos sufrido agresiones sexuales y más de media centena muere al año, asesinadas por sus maridos.

Por eso, los hombres podrán participar del ejército, pero en un porcentaje bajo, y sin hacer corrillos, que a ver qué es lo que traman. Alguno quizás llegue a capitán, pero deberá ser complaciente con la hegemonía de nuestro poder.

Repito: No somos tiranas. Pero no queremos seguir viviendo con miedo. Por eso hemos decidido hacerles olvidar. Queremos borrarles poco a poco la memoria de su poder criminal intelectual y físico, hacerles olvidar en la educación y en los libros la existencia de sus filosofías y religiones de dominación. En los nuevos libros que estamos imprimiendo apenas hay relatos de hombres. Apenas quedan placas con sus nombres en nuestras calles. Hemos ido borrándoles el rastro.

Algunos de ellos, en algún momento, se preguntarán por su historia. Y tendremos que negarles que les hemos silenciado. Dice mi secretaria que pongamos una placa en los colegios "El talento de los hombres no ha servido para hacer historia, pero su sonrisa nos alegra el corazón". Ana siente compasión por lo que nos vemos obligadas a hacer, pero como yo, sabe, que si queremos ser libres, no tenemos otro remedio.

Creemos que sus violencias habituales irán desapareciendo porque nunca más serán impunes. Y toda apología a la violencia contra las mujeres será castigada con el más severo ostracismo.
Si se quejan del rol pasivo al que nos ha forzado a encasillarles esta necesidad nuestra de defendernos, serán considerados histéricos, conminados a guardar calma, y si insisten, serán visitados por un psicólogo.

Para que no vuelvan a aliarse y retomar el poder, para que el miedo a sus violencias se borre de una vez por todas de nuestra isla, nos vemos obligadas a hacerles ver que su lugar ideal es de segundones.

Y nos tendremos que esforzar en que no creen fuerza colectiva entre ellos. Lo ideal sería que compitieran, que no pudieran confiar los unos en los otros, que continuamente se pusieran zancadillas entre ellos, que pelearan. A una ministra se le ha ocurrido una idea un tanto rebuscada para impedir que se alíen, para mantenerlos peleados. Si te la digo pensarás que somos tiranas, pero hemos pasado mucho miedo, Miranda, y queremos por fin vivir en libertad... A la ministra de sanidad se le ha ocurrido hacerles creer desde pequeños, que deben competir por nuestra aprobación, y que pocos de ellos pueden obtenerla, quizás los que sean modélicos de alguna imposible manera. A la ministra se le han ocurrido dos o tres cosas para conseguir que deseen tanto nuestra aprobación: i) educarles para ser muy dependientes, de manera que necesiten de nuestro afecto, y esa competición entre ellos sea inexcusable, ii) darles pocas oportunidades de trabajo, para que económicamente necesiten el apoyo de alguna de nosotras, iii) hacerles vivir bajo alguna amenaza, de manera que sientan que necesitan nuestra protección. No sé, quizás pondremos en marcha las tres. Sé que son crueles y retorcidas, pero tenemos que defendernos. No imaginarás la cantidad de torturas que se repiten en nuestros hogares, el apartheid al que nos han condenado a vivir.

Necesitamos controlarles para que no vuelva el horror. Hemos vivido atemorizadas. No somos tiranas, y como en el ejército, también les dejaremos participar en el parlamento de Tlön (en un porcentaje pequeño y solo a los más complacientes con nuestra hegemonía). Es importante que se sientan escuchados. Quizás propongan cosas como la obligatoriedad de poner tallas de ropa para hombres sin músculos en nuestras tiendas, que el ministerio controle esa probable nueva enfermedad obsesiva del alargamiento de pene que estará matando a tantos adolescentes, o la campaña "es mi semen, yo decido", para que no se vean obligados a donar semen si no quieren."


El resto de la carta de la presidenta de Tlön, vieja amiga, es personal y ahorro transcribirla aquí. Me ha resultado curioso que el mundo que describe es exactamente en el que vivimos, pero al revés. Somos las mujeres las que tenemos un porcentaje bajo (y solo las más complacientes con la hegemonía masculina) de representación en el poder y solo arañamos un poco para demandar las cosas más urgentes e inexcusables de nuestra vida. Se nos educa sin memoria colectiva, como segundonas, pasivas y complacientes. Se nos enseña a competir entre nosotras desde pequeñas por modelos imposibles y por la aprobación masculina.

Lo curioso es que esta situación solo tendría sentido si alguna vez hubiéramos, como en la isla de Tlön, supuesto alguna amenaza. Tendría sentido, como explica mi amiga, si los hombres tuvieran que defenderse de nosotras porque aliándonos y tomando el poder instauraríamos una situación de terror en la que vivirían discriminados, humillados, con miedo a ser violados o maltratados. Cosa que nunca ha pasado y que resulta, cuanto menos, inverosímil.

Por eso me he planteado, ¿qué nivel de cobardía supone instaurar un sistema de dominación cruel y desmesurado para aplastar a la mitad de la población en posible respuesta a un peligro que nunca ha existido? ¿Qué nivel de histeria colectiva hay que tener para aplastar a todo un género como si alguna vez hubiera sido tu enemigo?

Porque eso es lo que ha pasado, ¿no?

Si consideramos la histeria como la reacción desproporcionada e irracional a una situación que no la justifica; el patriarcado es la mayor manifestación histérica que jamás ha habido.

La histeria masculina que ha creado el patriarcado es tan fuerte que le bastan mitologías improbables de mujeres opresoras, como los relatos bíblicos, los cuentos de hadas, los relatos homéricos; para justificarse.

Es un miedo tan desproporcionado que en cuanto una mujer adopta un rol no pasivo algún hombre se siente oprimido. Es una percepción de amenaza tan fuera de lo real que incluso maltratadores se sienten maltratados por no poder persistir en su maltrato al ser denunciados.

¿Qué es sino un arrebato de cobardía de dimensiones macro el comparar con nazismo al feminismo, por medio del apelativo "feminazi"?

En serio, si pudiéramos físicamente violaros, estoy segura de que antes de vivir con ese miedo, ya estaríamos todas tomando bromuro diario obligatoriamente.

Si en España, en lo que va de año 2014, en vez de ser 35 las mujeres torturadas y asesinadas por sus maridos, hubieran sido 35 los maridos torturados y asesinados por sus mujeres, ya estaríamos todas siendo investigadas.

La histeria masculina, individual y colectiva, llega a límites tan sorprendentes que a llegado a acusarnos a las mujeres, de ser nosotras las histéricas, tachando como desproporcional cualquiera de nuestras reacciones emocionales a la opresión patriarcal.

E, histéricos ellos, han negado su propia histeria y dado a entender, que somos las mujeres las que no somos comedidas, justas, proporcionales o magnánimas, sino caprichosas, victimistas, exageradas e irracionales.

Es importante, pues, mujeres, que cuando nos duelan las opresiones, aunque aún no las sepamos identificar (eso llega con las gafas de género) nos quejemos. La patologización que han hecho de nuestra respuesta de rabia al patriarcado nos hace muy vulnerables a sus abusos.

Cuando nos maltratan y pensamos, ¿será que estoy yendo de víctima?
Cuando nos invisibilizan y pensamos, ¿seré una caprichosa que necesita mucha atención?
Cuando nos soban físicamente y pensamos, ¿estaré exagerando?:
No lo pensamos nosotras! Lo piensa un policía de la histeria que el patriarcado ha instalado en nuestras cabezas!

La racionalidad humana puede llegar a defender la superioridad del hombre, de los blancos, de los jóvenes, de los heteros, de lo que sea. Pero el dolor de ser tratado como un inferior es la gran prueba de nuestra igualdad. Por eso es por lo que intentan que anestesiemos ese dolor, patologizándolo, porque es esa conciencia el motor de la rebeldía, o como decía Marx, el motor de la historia.

El patriarcado es una conveniente racionalización a la histeria colectiva masculina. El feminismo, la igualdad, es una gran verdad emocional.

Que es verdad que esa verdad emocional a veces estalla como una olla exprés, generalmente después de callar o perdonar durante mucho, o que estalla cuando tenemos la regla y los cambios emocionales hacen que se salten los cerrojos de los controles de nuestra obediencia. Da igual. Da igual, mujer, como lo sientas, pero no dudes de lo que sientas, porque en esa irracionalidad está el comienzo del camino de la conciencia. Dice Juan Carlos Monedero que "la emoción hace que el dolor se convierta en saber, el saber en querer y el querer en poder y el poder en hacer"